Tenía las venas totalmente abiertas cuando aparecieron las primeras luces. En un crisol se abrió la luz - y ella que pensó que todo se pondría negro - empezaron a apurarse líneas en torno a ella, recogiéndola en un abrazo de fractales y espirales, ascendentes y descendentes.
Desde el rojo a borbotones del comienzo, la piel se le abrió en escamas tornasoles, los brazos y las piernas giraban en constelaciones incandescentes en medio del universo y se llenó de amor hasta las pestañas.
Despertó con la intensidad del miedo en la mirada de los otros, los brazos en torniquete y a pesar del dolor, dolor no había.
Dibujó una sonrisa serena en sus ojos y en el rictus brillante de sus labios. Porque ahora sabía qué había más allá, entonces se quería quedar acá.
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Texto seleccionado en el Concurso de Junio de Minificciones
Imagen de DamasArt

me he vendado lo ojos para mirarte mejor
saboreando tu respiración en la oscuridad
y reconociendo tus dedos azules
en migración ligera hacia el poniente
estoy en libertad vigilada
sujeta con ahínco a la sintaxis de tus intervalos
entretejida a las hebras de ese misterio
que ahora me sabe a naranjas
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Pintura de Jane Mackay

Me he vestido con el lenguaje del invierno
colgando guirnaldas de silencio
en la puerta y en la ventana.
Los papeles están quietos, blancos
como el cielo y el árbol
y el charco en mi balcón.
Toda la savia se hace lenta con el frío
la tinta se espesa, se resiste
y la palabra se desprende de sus hojas.
Dos meses de pausa,
de flores profetas
que se escriben por dentro.
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La bella fotografía es de Michael Kenna

La vida y la muerte,
aparecidas como evidencias inapelables
de mi existencia,
la vida como manifestación
la muerte como secreto
y hay tanta nostalgia en ese misterio.
Es como si el sentido objetivo de la realidad
estuviese trazado geográficamente
en las entrañas del enigma,
breve, fugaz, momentáneo, pasajero,
Aprehendemos apasionados lo perecedero
intentando permanecer
sumergidos en la eterna fuente
de lo que no se mantiene.
Consumiéndonos en la interrogante,
en la paradoja de la biografía vital.
Y si la sombra es el error en la interpretación:
nada más hay, sólo vida
savia que se transforma
energía en metamorfosis
cambios de estado como en el agua,
sí, como el agua.

Mis respetos, mi tristeza, la poesía del imaginario colectivo que me hizo poeta
CHAU NÚMERO TRES
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
...
Descanse en paz Mario Benedetti

Amanecí respirando el otoño lentamente
con el pulso imperecedero de la sangre
y el oxígeno convertido en estrellas.
Del negro salí a la luz
abrazando con el cuerpo el rocío
la serena transparencia del agua.
En el velo inocente de la somnolencia
nombré los estados de la claridad
como artificios de sombras celestes.
Desperté fulgurando el frío del alba
desde el latido quieto de la pausa
con los ojos dilatados de belleza.

Cruzo el puente mientras las estrellas bosquejan espirales sobre mi cabeza, las piernas oscilan al tiempo de mis pasos, tiembla mi respiración, vibran mis recuerdos.
Toco cubierta, las velas sacuden el viento describiendo la apariencia de mis alas, de mis hélices.
Sin golpes ni atropellos, aparto el agua en dos, también el aire se entrega a mis brazos extendidos, afloja la fuerza ante mi espada recién templada y me viste de oxígeno.
No estoy inaugurando nada, no cambio la rúbrica de mi historia ni de mi voz.
Como Ulises, inicio mi travesía en el piélago del infinito, porque en la aventura de partir, advierto el sentido sagrado de volver.
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Cuadro de Adriana Richer

I
recorro monótonamente el sendero entre dos días
distraida en la memoria conocida
no reparo en el obstáculo que estrecha mis pasos
y asoto mi rostro ciego contra la tierra
II
paso descuidada la distancia entre dos horas
olvidando en la rutina el traspie y la caída, otra vez
el accidente como circunstancia
dispone un freno violento a mi devenir reflejo
III
intento ya no sobresaltarme
tomar el desafío del tiempo entre un minuto y otro,
atenta a mi marcha y al espacio,
los tropiezos me auguran promesas y destreza
IV
el camino me entusiasma
en el tránsito me vuelvo peregrina y devota
y en sincronía con el tono de la superficie,
casi vuelo, casi vuelo
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(c) Imagen