Llevo un brote de girasol escondido en el vientre,
lo guardo en medio de un tejido amarillo y brillante,
cuando termine de florecer,
estoy segura de que seguirá la luz y se llenará de semillas.
Mientras tanto, espero en la quietud de nuestro nido.
Llevo un brote de girasol escondido en el vientre,
lo guardo en medio de un tejido amarillo y brillante,
cuando termine de florecer,
estoy segura de que seguirá la luz y se llenará de semillas.
Mientras tanto, espero en la quietud de nuestro nido.
me he vendado lo ojos para mirarte mejor
saboreando tu respiración en la oscuridad
y reconociendo tus dedos azules
en migración ligera hacia el poniente
estoy en libertad vigilada
sujeta con ahínco a la sintaxis de tus intervalos
entretejida a las hebras de ese misterio
que ahora me sabe a naranjas
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Pintura de Jane Mackay
Me he vestido con el lenguaje del invierno
colgando guirnaldas de silencio
en la puerta y en la ventana.
Los papeles están quietos, blancos
como el cielo y el árbol
y el charco en mi balcón.
Toda la savia se hace lenta con el frío
la tinta se espesa, se resiste
y la palabra se desprende de sus hojas.
Dos meses de pausa,
de flores profetas
que se escriben por dentro.
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La bella fotografía es de Michael Kenna
Amanecí respirando el otoño lentamente
con el pulso imperecedero de la sangre
y el oxígeno convertido en estrellas.
Del negro salí a la luz
abrazando con el cuerpo el rocío
la serena transparencia del agua.
En el velo inocente de la somnolencia
nombré los estados de la claridad
como artificios de sombras celestes.
Desperté fulgurando el frío del alba
desde el latido quieto de la pausa
con los ojos dilatados de belleza.
Cruzo el puente mientras las estrellas bosquejan espirales sobre mi cabeza, las piernas oscilan al tiempo de mis pasos, tiembla mi respiración, vibran mis recuerdos.
Toco cubierta, las velas sacuden el viento describiendo la apariencia de mis alas, de mis hélices.
Sin golpes ni atropellos, aparto el agua en dos, también el aire se entrega a mis brazos extendidos, afloja la fuerza ante mi espada recién templada y me viste de oxígeno.
No estoy inaugurando nada, no cambio la rúbrica de mi historia ni de mi voz.
Como Ulises, inicio mi travesía en el piélago del infinito, porque en la aventura de partir, advierto el sentido sagrado de volver.
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Cuadro de Adriana Richer
La lluvia explota furiosa desde la inmensidad gris y anónima del cielo. Desaparecidos el arriba, el abajo, todo son líneas transparentes y verticales que rasguñan el paisaje.
En medio del agua, achurado en el plano espacial de la ciudad, Santiago llena con gotas los bolsillos rotos de su chaqueta. Agua su rostro y su barba. Líquido su pecho, su espíritu, su dignidad ahora indigente.
Fluido atmosférico, climático, estacional, que vuelve a Santiago translúcido.
Él amaba el invierno, adoraba jugar en los charcos, mojar sus zapatos y dejarse llevar por la melodía intensa del agua a chubascos.
Hoy es distinto, hoy a Santiago, le llueve sobre mojado.
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Fotografía Javier Del Olmo
Los ojos abiertos hasta el límite,
centelleando la existencia en cada parpadeo.
La boca suspendida como vocal abierta,
sin sonido, sin disimulo.
El aliento instalado en medio de la atmósfera,
alineado con el infinito.
El pecho palpitante y dilatado,
mutado en arca, esperando abrazar el tesoro.
Quiero volver a sentir la sorpresa,
quiero que mi cuerpo completo
vuelva a vestir la corteza extraordinaria del asombro.
...
Pintura de David Kam
Hoy se toman las palabras por los hombros
se las toma por sorpresa
se las toma en serio
Hoy no se escribe sino que uno se deja escribir
se deletrea
en manuscrito
compuesto, editado
expresión de novela popular
y sentido común
Hoy se deja a los significados libres
sin horas, sin minutos
trazados en la rubrica de los signos
transcritos en una lengua aérea
Hoy no hay autógrafos
no se apunta y no se borra
la voz se redacta sola
y el término se termina a sí mismo.
Hoy no se escribe
eso,
te lo doy firmado.