Tenía las venas totalmente abiertas cuando aparecieron las primeras luces. En un crisol se abrió la luz - y ella que pensó que todo se pondría negro - empezaron a apurarse líneas en torno a ella, recogiéndola en un abrazo de fractales y espirales, ascendentes y descendentes.
Desde el rojo a borbotones del comienzo, la piel se le abrió en escamas tornasoles, los brazos y las piernas giraban en constelaciones incandescentes en medio del universo y se llenó de amor hasta las pestañas.
Despertó con la intensidad del miedo en la mirada de los otros, los brazos en torniquete y a pesar del dolor, dolor no había.
Dibujó una sonrisa serena en sus ojos y en el rictus brillante de sus labios. Porque ahora sabía qué había más allá, entonces se quería quedar acá.
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Texto seleccionado en el Concurso de Junio de Minificciones
I recorro monótonamente el sendero entre dos días distraida en la memoria conocida no reparo en el obstáculo que estrecha mis pasos y asoto mi rostro ciego contra la tierra
II paso descuidada la distancia entre dos horas olvidando en la rutina el traspie y la caída, otra vez el accidente como circunstancia dispone un freno violento a mi devenir reflejo
III intento ya no sobresaltarme tomar el desafío del tiempo entre un minuto y otro, atenta a mi marcha y al espacio, los tropiezos me auguran promesas y destreza
IV el camino me entusiasma en el tránsito me vuelvo peregrina y devota y en sincronía con el tono de la superficie, casi vuelo, casi vuelo
Mila es hilandera y sanadora, tiene oficio en tejer historias y talento en curar el alma. Sus agujas son los naipes, su remedio la palabra.
Ella toma el mazo entre sus manos y por un segundo todo se vuelve profundamente calmo.
Revuelve las cartas como bailando y en el ritmo que les imprime las va llenando de preguntas.
Cuando se pone a leer, la persona al frente se le vuelve transparente, y aparecen las heridas abiertas, las cicatrizadas, las infectadas.
Las imágenes esparcidas en la mesa van escribiendo mandalas y versos, maldiciones y garabatos, sueños y frustraciones.
Transparentes se hacen también las cosas, las paredes y puede ver entonces los hilos invisibles que unen todo, puede ver desde dónde está atrapada la hebra, dónde se ha hecho un nudo, dónde quedó cosido y dónde han explotado las costuras.
Y así, como limpiando una madeja llena de espigas, Mila empieza a hablar y los hilos se van llenando de colores a medida que toca, que ordena, que entreteje, y corta y anuda y forma.
Con maestría hace aparecer la textura y la conciencia para que la persona pueda volver al mundo remendada y generosa.
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Imagen de Anna Posillipo
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Cynthia: del griego Kynthia, gentilicio de Kynthos, monte de Delos donde según la leyenda nacieron Apolo y Artemisa.
Existencialmente buscando mi origen y mi destino aunque esas no sean las palabras precisas que definen mi búsqueda.
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