Veinte veces pronunicié tu nombre y tres veces me respondió el eco.
Catorce campanadas anunciaron tu llegada y treinta golondrinas se escaparon en arrebatador aleteo, dejando una grieta gris en medio del cielo.
Equilibrado en la hebra ancestral del cero:
nombre, eco, campanas, vuelo.
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La luz y la sombra, en ceremonia perenne se miraron equidistantes a un tiempo unísono.
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Y asombrados de doce besos ineludibles, de doce caricias de nostalgias palpitantes, tu pie crujió sobre el suelo y mi pie sobre el tuyo.
Estalló entonces en todo nuestro cuerpo que no era más que uno, una banda de bronces y tambores y fuegos anaranjados.
Categoría: Palabras para sanar
21 Marzo 2006
8 Febrero 2006
Antes de todo esto, no me sentía fea, se los juro. Fueron las circunstancias.
Yo tampoco quería llegar a este límite, pero los hechos se fueron dando. Y la verdad es que no me arrepiento.
La cronología fue la siguiente:
El 20 trabajé hasta tan tarde que perdí la noción del espacio que ocupo en el planeta. Cuando la aurora se adivinaba ya, corrí a mi casa por un café y una ducha (o al revés, pero en perspectiva, eso no altera nada).
El 21 tenía una reunión fundamental a eso de las 8:30, así es que como pude devolví a su sitio mi espíritu y las ojeras... sin exito.
El celular debe haber quedado olvidado en el asiento del taxi, nunca he servido para andar con cosas sueltas en las manos.
Sin el bendito aparato jamás recibiría la única llamada que realmente esperaba... era el único dato que guardó para ubicarme y en ese momento me parecía que su sonrisa era aire fresco para mi vida agrietada.
La reunión fue un desastre, obvio, y por causalidad insoportable, la reprimenda del jefe todopoderoso e infalible también.
Un instante y estaba en el límite, la mente en blanco (el corazón en negro) y Dido con "Thankyou" descolgándose del nudo de mi garganta.
Y entonces me sentí tan fea...
Todo sucedió tan rápido, se los juro, una cadena acelerada de circunstancias y conclusiones.
Él recordó el nombre de la oficina o algún otro dato desperdigado en la conversación. La campanilla sonó justo a tiempo.
Salí del edificio con paso decidido, y nunca más miré hacia atrás... por miedo a convertirme en estatua de sal.
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Una historia que escribí en los inicios de este blog, lo hice inspirada en el post de alguien que leí en portada de la Coctelera, nunca supe quien había sido (era tan nueva yo en todo esto).
Durante estos días sin embargo cada una de sus palabras se me ha venido "reviviendo" en la memoria y por eso la vuelvo a publicar.
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Le he cambiado el título, le he retocado algunos párrafos y va con otra imagen (ahora es de disparaleatodo.com)
4 Febrero 2006
Unos sanan en el momento de la concepción; pero hay quienes sólo sanan con la muerte.
Para algunos la caricia es el remedio; y para otros basta una palabra dicha a tiempo.
Hay sanaciones a distancia y tiempos que curan todo.
Unos ojos que anestesian las heridas del corazón; un beso tibio para el insomnio, para la fatiga.
Deshacer un nudo viejo, plantar unas piedras en el camino, doblar a la izquierda, saltar al abismo.
Unas cartas, una charla, un incienso; un símbolo, una luz, una metáfora.
A veces un llanto que sacude el desconsuelo, otras, una lágrima en el óxido del cerrojo.
Tal vez carcajadas que explotan como estrellas; quizás una mueca como matiz y melodía.
Unos nos sanamos a los otros si dejamos de negar, si nos llenamos de conciencia, si ser es de verdad.
Principios activos como firmes recuerdos de este presente eterno.
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Micro latidos escondidos en las letras que (me)-(te) sanan
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Sobre micro-latencia
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Cynthia: del griego Kynthia, gentilicio de Kynthos, monte de Delos donde según la leyenda nacieron Apolo y Artemisa.
Existencialmente buscando mi origen y mi destino aunque esas no sean las palabras precisas que definen mi búsqueda.
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