Nuestra muerte vive lenta/ desde la turbia sustancia de nuestras entrañas.../ acaloradamente ciega, inasumible y sorda entre nuestros cuerpos.
Porque mi muerte vive/ lacia y derramada cuando me abandonas,/ en el espacio violento y yermo, desde uno de mis muslos al otro...
...luego del grito, del desgarro...
(con tus uñas clavadas en mi pélvis)