La sangre corre con más potencia que nunca registrando la sensualidad de todos sus movimientos. Circulares, rectos, ambiguos, porque cada uno late de manera diferente.
¿Y sabes cuán redóndos y desnudos pueden ser los latidos? Redondos como las formas más puras... las prehistóricas y desnudos como la transparencia del oxígeno.
Es que me siento embarazada, lleno mi vientre con pensamientos nuevos, torbellinos confusos de luces y sombras, generando y regenerando en cada suspiro.
¿Y sabes qué color toma la sangre cuando te llenas de sentido? Verde, porque le falta tiempo de guarda y rojo porque no puede dejar de serlo.
Tiempo de guarda, de silencio, espacios que circulan entre la carne y el aire. Tiempo para crecer, para buscar el sol, para seguirlo.
Y tu estás ahí, adentro, afuera; como el oxígeno. Porque sin compromisos solemnes, ninguno de los dos tenemos ya la posibilidad de evitar el proceso.

...a X en 1995...