No con los ojos, no con la boca, no con el rostro. No, ella habla con las manos. De sus dedos brotan una a una las letras construyendo inmensas constelaciones verbales. Escucharla es ser testigo de un vuelo literario.
Por eso sé que el día en que sus manos no se muevan, sé que en el momento en que se crucen sobre su pecho en un candado de palabras, ya nunca podré escuchar otra vez su voz.

Fotografía de: http://tanu.leipzigerinnen.de/entART/haende.JPG