De pronto sentí que me hablaba en el oído, su cara no la reconocí, tampoco el brillo de sus ojos nuevos.
La huella de nuestra historia estaba en su voz, en el olor maduro y familiar de sus palabras, en su textura entrañable y fraternal.
Entonces comencé a recordar, porque eso sucede cuando la memoria vuelve a pasar por el corazón.
A Miguel por su compañía (www.lacoctelera.com/lmrodriguez)
Y a Eduardo Galeano por enseñarme a recordar.


Gracias por comentarme, pues apenas te descubro aunque ya habia visto algunas huellas en el blog de Miguel...aqui vendré a verte a menudo!
¿Y si las letras se consumen en un mar de emociones? ¿Qué se puede escribir?
Gracias. ¿Cómo me imaginas (Pues los recuerdos vagos suelen mancharse de imaginación)?
Besos y abrazos.
Miguel:
Te imagino en un cuerpo de niño con el espíritu viejísimo.
Migu:
Gracias por visitarme, yo también te descubro en lo de Miguel. Ahora ya sabemos nuestras respectivas casas. Saludos