Parece que te lloré un siglo, que me vacié de tanto llanto. Hice el amor con tu ausencia cada día que me pasó por encima.

Te presentía en el aire, jadeando tu olor desde mi pecho. Deshojé el sentido de tu nombre en largas tertulias vegetales.

Pero el tiempo es sospechoso, algo clandestino y revolucionario. Hoy tropecé admirada con el murmullo ahogado de tu recuerdo.

Entonces supe de tu muerte...
... y traté de reconstruir tu mirada, pero no pude.

Te busqué en las profundidades de mi esencia, donde creía tenerte tatuado... pero no encontré nada.

Y sin embargo, creo que te lloré un siglo.

Otro del siglo pasado ¡Qué terror!