De las cien casas que tengo, de las que voy a tener incluso, hasta la última que no voy a ver, la que más me gusta es la de ahora.
Nace del cerro mismo, la construímos con las piedras que dejó caer la cumbre, sólo tenemos nuestra cama y colgamos el abrigo para escondernos.
Es la casa en que dormimos los domingos para recuperar la vida que se nos va de tanto amor, desnudos, embriagados de aire.
Ahí nos arrancamos, con los ojos mirando el infinito, para hacernos contínuos un segundo, de gritos, de suspiros, de perfume de jabón y piel, de lucha contra el colchón y las sábanas.
Esa casa es la que adoro, que anhelo, la que más me gustará sin duda, la primera, la pobre... la secreta.
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1993