Rompo un silencio extraño, una niebla espesa en la que me he encontrado estos días, y modifico temporalmente el formato de mi blog para postear más palabras de otros. Rompo este silencio (auto) impuesto porque estas palabras las esperaba hace tiempo, incluso pedí auxilio en uno de mis post y la ayuda llegó de uno de mis amigos. Por eso hoy cito Nocheenlaciudad, para que las cosas no queden inconclusas y brindemos a la salud de la lengua coctelera que permite estos milagros ocurran. ¿Cierto Flanagan?.
A los pocos minutos de comenzar a ver esta película me vino otra a la cabeza: "Rompiendo las olas" de Lars Von Trier, con la que sufrí en el cine durante dos horas y media hace casi diez años. La plataforma petrolífera, el accidentado, la relación peculiar entre los protagonistas. Una remite a la otra, aunque sólo se parecen en la intención de sus autores de mostrar cómo la vida es una suma de contradicciones y extremos en la que el dolor y el amor tienen mucho que decir.
Siendo "Cosas que nunca te dije", también de Isabel Coixet, una de mis películas preferidas, no podía dejar escapar ésta. Ya se me fueron "A los que aman" y "Mi vida sin mí", que tengo aparcada en DVD sin atreverme a verla desde hace varios meses. Y con un título que menciona las palabras, esas infatigables compañeras mías, esta vez no podía haber excusas.
Me va a resultar difícil dar una buena opinión sin comentar momentos concretos de la cinta, pero sé que no debo hacerlo porque odio cuando alguien me estropea una película dando demasiada información (esa costumbre tan fea que tienen en la revista "Dirigido por..."). Tan solo diré que ésta es una historia sobre pequeñas historias, pausada, tranquila y sin estridencias, ni en acciones ni en sentimientos. Lo poderoso es lo hablado, esas palabras, a veces sólo sílabas, que se intercambian como tesoros.
Para mí tiene momentos en los que resulta difícil ponerse en el lugar de los personajes, algo que valoré mucho en "Cosas que nunca te dije", y no sé si realmente es esa la intención de la directora, pero por eso mismo deja otro sabor de boca. Desde la distancia uno entiendo mejor que cada persona está moldeada por el universo de secretos que la rodea, esas cosas tan íntimas que no se pueden, no se deben o no se quieren contar. Uno no se ve reflejado en Tim Robbins como puede hacerlo en el Bill Murray de "Lost in Translation", pero no por eso su personaje deja de enseñarnos cosas sobre nosotros mismos.
El aislamiento físico que impone el escenario como metáfora del psicológico o el emocional. La soledad autoimpuesta, que hace que uno se agarre a lo más improbable como salvavidas personal. Voces en off que nos visitan como recuerdos en los peores momentos. Juegos de complicidad escondidos a los que nadie escapa, porque al final son lo único que nos queda.
En una película así, que no desarrolla una trama sino cuenta una relación, lo que uno se lleva cuando se encienden las luces de la sala de proyección quizá sea la medida de lo buena (o mala) que haya resultado la experiencia. En mi caso el puzzle de confidencias que plantea Coixet me causó una sensación intensa, me dió que pensar, y lo hace todavía. Horas después seguía montando sus piezas, buscándoles significados y redescubriendo frases, gestos y miradas. Asi que sólo puedo recomendarla.
Gracias por comentarla y recomendarla, mi corazón queda bastante en paz.

...
Cynthia: del griego Kynthia, gentilicio de Kynthos, monte de Delos donde según la leyenda nacieron Apolo y Artemisa.
Existencialmente buscando mi origen y mi destino aunque esas no sean las palabras precisas que definen mi búsqueda.
(...)

Flanagan
16 nov 2005 | 04:27 PM
Nos has dejado sin palabras. Que conste que el post lo escribió Roberto. Y sí, brindemos.
María
24 nov 2005 | 01:29 PM
vaya, ya la has visto ... Esto me pasa por no leer más, sorry! :-$ :-)