No está claro, aparece difuso, desdibujado, como las acuarelas que se deshacen en el agua pero se mueren de sed.
La imagen se dilata, se vuelve imprecisa, como la bruma espesa que te ilumina pero te hace desaparecer.
El retorno es defectuoso, raro, silencioso, como una daga cortando el celofán.
Entonces estoy aquí, pero no me puedes ver. A medida que avanzas, más espesa se hace mi niebla. Mis ojos se vuelven blancos hasta dentro y yo misma pierdo la consciencia de que existo.
Y sólo porque se empaña un poco el espejo puedo recordar que sigo viva.