La casa estaba en silencio, la noche había caído hacía rato y él y ella dormían en la cama. Dentro del vientre el niño estaba atento.
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Para el pequeño ni la noche ni el día eran importantes, a veces dormía, a veces estaba despierto... pero sin duda tenía preferencias.
Cuando ella, la que lo llevaba, estaba quieta, era el mejor momento para flotar despacio, tranquilo. A veces movía los dedos de la mano, a la caza de alguna burbuja, a veces saboreaba con la boca recordando el gusto del agua, otras estiraba la pierna para rozar el sol anaranjado...hasta que comenzaron los sonidos.
Eran todos distintos, constantes, diversos, parejos, y hacían que su corazón siguiera el ritmo.
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La noche había caído hacía rato, ella no pudo seguir durmiendo. Eran tres grillos que irrumpieron de cantos toda la casa. Se quedó quieta escuchando el corazón del hijo en sus oídos y la melodía de los insectos en la espesura y la oscuridad.
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Con sus patas de partitura, los tres grillos magos compusieron esa noche avanzada ya, la canción del alumbramiento.
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FELIZ NAVIDAD A TOD@S
© Imagen de Martín Laspina