Efervecente y volátil se mueve en el agua como su propio medio.
Salpica.
El juego es su carcajada, su llanto, su rabia, su miedo.
Salta, salpica.
Corre las ganas, la fuerza, la energía... no se detiene, no se cansa, y a veces lanza un beso mojado y resbaloso.
Al final del día, salpicada completa, le cierro los ojos, le canto los cuentos, le obligo a dormir...
para que al otro día, me acaricie el alma con sus pestañas y me vuelva a salpicar la vida.
...
Julián en la desembocadura del río Bío Bío
A mis amigos los vuelvo a leer con ganas. Voy con calma, pero los leeré a todos.