Los días once, en distintos meses y en distintos años, se han vuelto tan significativos en la agenda de la historia.

Aquí no quiero enumerar aquellos once que han venido forjando, como cuentas y esquirlas, las desesperanzas de tantos y tantas, porque creo que son demás conocidos.

Aquí quiero rescatar, eso sí, en la memoria de las palabras, dos veces un once.

Un once, en mi hermoso país, el poder se ha vestido de colores, marcando con una sonrisa todo el peso de la herencia. Hoy son buenos deseos, tremendas intenciones y yo como mujer también traigo un vestido de flores.

Un once también y hace sólo dos años, en aquella que reconocemos como patria madre, el dolor explotó en los vagones, en los ojos, en el corazón, en la confianza.

Créeme cuando te digo que entre tanta alegría y carnaval callejero, ni la tristeza de este y otros once, se olvida o se abandona al silencio.

En el tarot, el XI es el arcano de La Fuerza, que representa el comienzo creativo, la nueva energía. Una mujer hermosa, adornada con una corona de flores es la dimensión sublime del alma. Ella sujeta las fauces de un león, animal feroz que es capaz de devorarla y hacerla desaparecer.

Ambas cosas están presentes en el once.