"Seis, y empiezo a imaginar. Seis y te vuelvo a extrañar. Seis, y me pongo a pensar que seis tuve cuando empecé a recordar..."(Marta Gómez)

Seis fueron los días entre dos domingos de lluvia y que los conté uno a uno en la pared de mis sueños, donde nunca me alcanzabas, te quiero decir que soy una persona muy alegre y no solo alegre, alegre y enigmática, porque cuando mi madre me alumbró dijo "sal al mundo como potro y sé tú, vayas donde vayas". Soñé tener seis eternamente...

Pero seis no puede ser eterno, debe dejar paso libre, crecer, como crece nuestra alma con el paso del tiempo hasta convertirse en el siete. Y bailar el arco iris de las maravillas con los velos de la Danza Sagrada, mientras el Universo nos contempla y nos devuelve el abrazo. Para entonces, los números ya se habrán caído y desmoronado al chocar contra su origen. Que más da si fueron seis. Su polvo volverá a ser dígito cuando alguien lo respire.
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Seis, siete, nueve, qué importa... lo único que quiero es que este conteo de días pase pronto... es absurdo ver el calendario y ver tantos números que nos separan... ¿cuántos seis habrán de pasar? ¿cuántos seis de cuántos meses han de dejar de existir para que pueda volver a sentirte?
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Los dígitos, seis, siete, incluso cinco, dejan de ser verdes y risueños cuando no están acompañados. Lo malo es cuando, ahítas de vida, se amanceban con cualquier cifra que les guiñe el ojo.
Siete...ocho...nueve...vas contando los pasos, diez... once...doce; recuerdas la primera vez que os citasteis en el mismo café al que ahora te diriges, trece...catorce...quince; cuando llegas a la esquina te detienes, con solo un paso más podrás ver el escaparate con sus humeantes tazas pintadas en el cristal con colores crema,... dieciséis, no te atreves a mirar, por miedo a que no esté allí, en la que era vuestra mesa y, miras las puntas de tus zapatos intentando acumular fuerzas para poder levantar la vista y respiras profundo y todo el aire de la calle no te alcanza y ya no sabes cuántos pasos diste, tampoco cuántos te faltan por dar y sólo sientes miedo ante la imagen perversa del abandono y no puedes avanzar y por fin te atreves a mirar, y allí entre la muchedumbre adivinas su silueta, ¿hace cuánto que no le veías? seis, quizás siete años, aunque parezca toda una eternidad. Tus ojos le recorren esperando un movimiento, y a través del escaparate, sin haber entrado todavía entre los reflejos del cristal, sus ojos se clavan en los tuyos, por fin ha llegado el momento de decir verdaderamente adiós, porque todo sigue absurda y tristemente sin movimiento. Fijado en la tela aparentemente animada de cualquier pintor impresionista, dos, cuatro, seis latidos y parece que todo va a desaparecer de nuevo.

Llegas a la patria de la libertad. Y empiezas a encontrar familiares, amigos, conocidos. No puedes contarlos, ¡son tantos!... te sorprende la cara de serenidad que irradian todos, el fondo de luz difusa que existe hacia la derecha, allí nadie tiene prisa, las ansiedades y angustias se olvidan, al llegar a esos paisajes de color tranquilidad. Seis veces lo confundes con un extraño, seis veces más culpable te sientes de alejarte. Seis veces más sola, aún entre paisajes y gentes conocidas.

Seis, y empiezas a recordar...
Hasta que el peso del pasado posa sus alas rotas en las palmas de tus manos. Y cuando las miras, ves en ellas el reflejo de tantos y tantos años dejándose empapar por la tibia y mansa lluvia. Seis veces recordaste seis olvidos imperdonables, seis heridas que sangran en un arroyo de lágrimas, seis caminos recorriste para no llegar a ninguna parte; fuiste, pero demasiado tarde y el espiral infinito, en danza ceremonial, se volvió sobre sí mismo y ya no fue seis, ni cinco, ni cuatro... tres, dos, uno... ya nada fue como era porque empezaba a ser de nuevo, ancestral y presente, como recién parido el tiempo.

Y el seis se convirtió en recuerdo, preludio del siete, del ocho, del nueve... y epílogo del cinco, del cuatro, del tres, seis está muy bien si fueron en una sola noche. Y aún dudando, sobre noches, recuerdos, preludios y espirales de números, te acercas y le miras y vuelven los seis años que fueron buenos. Él te mira y parece comprender y hay un nueve de esperanza en su ojos, algo cercano al diez… pero al igual que vuelven a tu memoria aquellos momentos llenos de amor y comprensión, sientes que el nexo que os unía se consume sin dejar huellas, pasando por vuestro lado como soplo que no lográis alcanzar a tiempo, para evitar lo inevitable... y todo se marchita en esa ausencia de oxígeno, permaneciendo únicamente el aprecio y el cariño de aquellos seis años que nunca existieron más que en sus libros.
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Deliciosa entrega en creación colectiva de locaporlaluna, geraldine, susurros, superabuela, sansar, operadoor, wendy, jotatrujillo, pepetxu, patrus (x 3), chk, veli, cecilia, miguel, polidori, albanta, javier, bluesea, cynthia y los anónimos k, eterno y el determinante final.
Gracias a tod@s por participar, creo que el resultado ha sido pitagórico, misterioso y excelente.
Gracias también por esperar. Vuelvo pronto a La Coctelera.