Anunciaron lluvia pero primero llegó el viento. Dijiste que llamarías, respondí que iba a esperar y el silencio dejó todo claro entre nosotros. Quedaron en traerlo, pero no alcanzaron y yo tampoco pude terminar y él esperó toda la mañana y ellos no pudieron encontrarse y te olvidaste, me olvidé y ella se quedó dormida y usted... usted tampoco pudo.
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Es que fueron tan enfáticos. El agua llegaría a medio día, tímida pero constante como algunos poemas. Pero apareció el aire que la anuncia y que no fue anunciado, golpeó tibio y pesado en las calles, en las ventanas, en los balcones, en las mejillas
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Y ya no importó nada cuando en el horizonte la montaña se recortó otra vez orgullosa y pude ver, con la claridad de las verdades supremas, cómo la lavanda sí cumplía su promesa violeta.
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Desde mi escritorio