En un descuido del guardia que paseaba de intercomunicador y pistola, le saqué la etiqueta a la ropa del maniquí y entonces pudo respirar y bajar de la tarima y salir de la tienda.
Los dispositivos de seguridad de las puertas, sin etiquetas ni marcas, no pudieron detectarlo.
Desde lejos, desde bien lejos, levantó su mano y se despidió con gesto apresurado.