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Llegó avanzada la noche y la luz eléctrica no funcionaba. Buscó los fósforos en el bolsito y los encontró rápido pese al apuro.
Los segundos se quemaban rápido hasta alcanzar sus dedos iluminando a fragmentos el abandono y la miseria del lugar.
¿Cómo pudo pasar tan rápido el tiempo? y quedó nuevamente a oscuras, tanteó la cajita, sólo 4 fósforos. Encendió uno, sólo tres.
Trataba de orientarse en el negro y en la circunferencia anaranjada y cieja del fuego breve.
Claramente no vio la tela de araña entre la sala y el comedor, no alcanzó a percibir el brillo plateado en la agonía de la luz.
Tal vez por eso, porque no vio nada, es que nunca más la volvimos a ver.