La copa de agua estaba sobre el escritorio
temblaba levemente su fluido vientre con el repicar de mis dedos sobre el teclado
desde el centro de su transparencia cayó la primera piedra
y los círculos en el agua.

Primero metí tímidamente mi pie
resultó refrescante y desnudo y al segundo estaba sumergida hasta el cuello
nada arriba, nada abajo, ningún temor
y los círculos en la piel.

Nadé hasta la orilla del cristal
mordí el borde con mis dientes para descartar la posibilidad del sueño
desde los márgenes translúcidos surgió la primera ola
y círculos en la espuma.

Apareció mi rostro reflejado en el recipiente
enorme y diáfano como el cielo de verano, tan húmedo y despejado
reverberando en fractales mi inocencia, como la del agua
y los círculos en el espejo.

...

Fotografía de Georgi Danov