La lluvia explota furiosa desde la inmensidad gris y anónima del cielo. Desaparecidos el arriba, el abajo, todo son líneas transparentes y verticales que rasguñan el paisaje.

En medio del agua, achurado en el plano espacial de la ciudad, Santiago llena con gotas los bolsillos rotos de su chaqueta. Agua su rostro y su barba. Líquido su pecho, su espíritu, su dignidad ahora indigente.

Fluido atmosférico, climático, estacional, que vuelve a Santiago translúcido.

Él amaba el invierno, adoraba jugar en los charcos, mojar sus zapatos y dejarse llevar por la melodía intensa del agua a chubascos.

Hoy es distinto, hoy a Santiago, le llueve sobre mojado.

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Fotografía Javier Del Olmo