I
recorro monótonamente el sendero entre dos días
distraida en la memoria conocida
no reparo en el obstáculo que estrecha mis pasos
y asoto mi rostro ciego contra la tierra
II
paso descuidada la distancia entre dos horas
olvidando en la rutina el traspie y la caída, otra vez
el accidente como circunstancia
dispone un freno violento a mi devenir reflejo
III
intento ya no sobresaltarme
tomar el desafío del tiempo entre un minuto y otro,
atenta a mi marcha y al espacio,
los tropiezos me auguran promesas y destreza
IV
el camino me entusiasma
en el tránsito me vuelvo peregrina y devota
y en sincronía con el tono de la superficie,
casi vuelo, casi vuelo
............
(c) Imagen


Tres pasos, tres dudas, tres sobresaltos y un cuarto y definitivo paso que lleva a la total y casi eterea seguridad.
Un abrazo.
será que el único vuelo que nos es dado es aquel que nos regalan los tropiezos, antes de asomar el rostro contra la tierra? mmm, me niego a creerlo del todo.
Entre dos mundos, vivimos entre dos mundos, ya sean dos días, dos horas o dos minutos. Y, a cada instante, nos vamos reubicando.
bss