Cruzo el puente mientras las estrellas bosquejan espirales sobre mi cabeza, las piernas oscilan al tiempo de mis pasos, tiembla mi respiración, vibran mis recuerdos.

Toco cubierta, las velas sacuden el viento describiendo la apariencia de mis alas, de mis hélices.

Sin golpes ni atropellos, aparto el agua en dos, también el aire se entrega a mis brazos extendidos, afloja la fuerza ante mi espada recién templada y me viste de oxígeno.

No estoy inaugurando nada, no cambio la rúbrica de mi historia ni de mi voz.

Como Ulises, inicio mi travesía en el piélago del infinito, porque en la aventura de partir, advierto el sentido sagrado de volver.

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Cuadro de Adriana Richer