Me he vestido con el lenguaje del invierno
colgando guirnaldas de silencio
en la puerta y en la ventana.

Los papeles están quietos, blancos
como el cielo y el árbol
y el charco en mi balcón.

Toda la savia se hace lenta con el frío
la tinta se espesa, se resiste
y la palabra se desprende de sus hojas.

Dos meses de pausa,
de flores profetas
que se escriben por dentro.

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La bella fotografía es de Michael Kenna