Tenía las venas totalmente abiertas cuando aparecieron las primeras luces. En un crisol se abrió la luz - y ella que pensó que todo se pondría negro - empezaron a apurarse líneas en torno a ella, recogiéndola en un abrazo de fractales y espirales, ascendentes y descendentes.

Desde el rojo a borbotones del comienzo, la piel se le abrió en escamas tornasoles, los brazos y las piernas giraban en constelaciones incandescentes en medio del universo y se llenó de amor hasta las pestañas.

Despertó con la intensidad del miedo en la mirada de los otros, los brazos en torniquete y a pesar del dolor, dolor no había.

Dibujó una sonrisa serena en sus ojos y en el rictus brillante de sus labios. Porque ahora sabía qué había más allá, entonces se quería quedar acá.

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Texto seleccionado en el Concurso de Junio de Minificciones

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