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Terra
La Coctelera

Viaje

Cruzo el puente mientras las estrellas bosquejan espirales sobre mi cabeza, las piernas oscilan al tiempo de mis pasos, tiembla mi respiración, vibran mis recuerdos.

Toco cubierta, las velas sacuden el viento describiendo la apariencia de mis alas, de mis hélices.

Sin golpes ni atropellos, aparto el agua en dos, también el aire se entrega a mis brazos extendidos, afloja la fuerza ante mi espada recién templada y me viste de oxígeno.

No estoy inaugurando nada, no cambio la rúbrica de mi historia ni de mi voz.

Como Ulises, inicio mi travesía en el piélago del infinito, porque en la aventura de partir, advierto el sentido sagrado de volver.

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Cuadro de Adriana Richer

Cuatro, el imperio de la voluntad

I
recorro monótonamente el sendero entre dos días
distraida en la memoria conocida
no reparo en el obstáculo que estrecha mis pasos
y asoto mi rostro ciego contra la tierra

II
paso descuidada la distancia entre dos horas
olvidando en la rutina el traspie y la caída, otra vez
el accidente como circunstancia
dispone un freno violento a mi devenir reflejo

III
intento ya no sobresaltarme
tomar el desafío del tiempo entre un minuto y otro,
atenta a mi marcha y al espacio,
los tropiezos me auguran promesas y destreza

IV
el camino me entusiasma
en el tránsito me vuelvo peregrina y devota
y en sincronía con el tono de la superficie,
casi vuelo, casi vuelo

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(c) Imagen

Abstinencia

Estoy habitando la palabra silencio
reconociendo las notas de un eco íntimo y vacío;
por modestia o cobardía
disimulo los sonidos en monosílabos
para no perder el engarce con los sentidos.

Me puebla la reserva, la expresión por omisión
es el invierno en la boca y en el razonamiento;
por mentirosa o pusilánime
tengo contenidos los sonidos en las capas de mi piel
para reconocer en el frío, la chispa y la intuición.

Callo para escribir mi propio mito
librando una batalla épica con la clarividencia;
por romancera o profeta
tengo una alianza con los versos de la existencia
un contrato inexcusable y soberano
con la muda fragua de la transformación.

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Imagen (c)

Ejercicios de caligrafía temporal

Cuenta regresiva, salgo del pasado de uno en uno, lentamente, concentrando mis sentidos en la sonoridad mental de los números dictados a la inversa por mi conciencia.

Respiro profundo y todo se hace blanco y lechoso en la pantalla imaginada ante mis ojos, todo se detiene imaginariamente también y entonces me sitúo en el presente, inmóvil y suspendida como trapecista en el hilo inquietante del destiempo.

Súbitamente mis pensamientos me traicionan y me acuerdo, me proyecto, me distancio, me alboroto y caigo en el precipicio pulsante del tiempo que no se detiene.

¡Porque se mueve!

Cubierto y lluvia

La lluvia explota furiosa desde la inmensidad gris y anónima del cielo. Desaparecidos el arriba, el abajo, todo son líneas transparentes y verticales que rasguñan el paisaje.

En medio del agua, achurado en el plano espacial de la ciudad, Santiago llena con gotas los bolsillos rotos de su chaqueta. Agua su rostro y su barba. Líquido su pecho, su espíritu, su dignidad ahora indigente.

Fluido atmosférico, climático, estacional, que vuelve a Santiago translúcido.

Él amaba el invierno, adoraba jugar en los charcos, mojar sus zapatos y dejarse llevar por la melodía intensa del agua a chubascos.

Hoy es distinto, hoy a Santiago, le llueve sobre mojado.

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Fotografía Javier Del Olmo

Constancia

La tristeza tiene su propia forma de ser creativa
desde la amargura inmensa contenida en cada lágrima
se forma un universo líquido y salado

Desde el agua brota el brote
desde el brote toda la vida.

...

Fotografía: Cynthia Bauer

La Maravilla

Los ojos abiertos hasta el límite,
centelleando la existencia en cada parpadeo.

La boca suspendida como vocal abierta,
sin sonido, sin disimulo.

El aliento instalado en medio de la atmósfera,
alineado con el infinito.

El pecho palpitante y dilatado,
mutado en arca, esperando abrazar el tesoro.

Quiero volver a sentir la sorpresa,
quiero que mi cuerpo completo
vuelva a vestir la corteza extraordinaria del asombro.

...

Pintura de David Kam

La pregunta

Me precipito sin paracaídas en el instante medio del abismo más incierto

necesito presentir la experiencia táctil de sus paredes espesas de oscuridad

reconocer sus acordes y sus ecos como propios, piel sobre piel, en copla

al final pregunto por el silencio en medio de la caída, justo antes de medir el suelo

lo hago a viva voz, vociferando la paradoja, rasguñando hasta el éter que me sostiene

y desde la intemperie del vacío condensado y nocturno, surge la respuesta por omisión.