
I
recorro monótonamente el sendero entre dos días
distraida en la memoria conocida
no reparo en el obstáculo que estrecha mis pasos
y asoto mi rostro ciego contra la tierra
II
paso descuidada la distancia entre dos horas
olvidando en la rutina el traspie y la caída, otra vez
el accidente como circunstancia
dispone un freno violento a mi devenir reflejo
III
intento ya no sobresaltarme
tomar el desafío del tiempo entre un minuto y otro,
atenta a mi marcha y al espacio,
los tropiezos me auguran promesas y destreza
IV
el camino me entusiasma
en el tránsito me vuelvo peregrina y devota
y en sincronía con el tono de la superficie,
casi vuelo, casi vuelo
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(c) Imagen
24
abr
09
Autor: micro-latencia

Estoy habitando la palabra silencio
reconociendo las notas de un eco íntimo y vacío;
por modestia o cobardía
disimulo los sonidos en monosílabos
para no perder el engarce con los sentidos.
Me puebla la reserva, la expresión por omisión
es el invierno en la boca y en el razonamiento;
por mentirosa o pusilánime
tengo contenidos los sonidos en las capas de mi piel
para reconocer en el frío, la chispa y la intuición.
Callo para escribir mi propio mito
librando una batalla épica con la clarividencia;
por romancera o profeta
tengo una alianza con los versos de la existencia
un contrato inexcusable y soberano
con la muda fragua de la transformación.
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Imagen (c)
Cuenta regresiva, salgo del pasado de uno en uno, lentamente, concentrando mis sentidos en la sonoridad mental de los números dictados a la inversa por mi conciencia.
Respiro profundo y todo se hace blanco y lechoso en la pantalla imaginada ante mis ojos, todo se detiene imaginariamente también y entonces me sitúo en el presente, inmóvil y suspendida como trapecista en el hilo inquietante del destiempo.
Súbitamente mis pensamientos me traicionan y me acuerdo, me proyecto, me distancio, me alboroto y caigo en el precipicio pulsante del tiempo que no se detiene.
¡Porque se mueve!

La lluvia explota furiosa desde la inmensidad gris y anónima del cielo. Desaparecidos el arriba, el abajo, todo son líneas transparentes y verticales que rasguñan el paisaje.
En medio del agua, achurado en el plano espacial de la ciudad, Santiago llena con gotas los bolsillos rotos de su chaqueta. Agua su rostro y su barba. Líquido su pecho, su espíritu, su dignidad ahora indigente.
Fluido atmosférico, climático, estacional, que vuelve a Santiago translúcido.
Él amaba el invierno, adoraba jugar en los charcos, mojar sus zapatos y dejarse llevar por la melodía intensa del agua a chubascos.
Hoy es distinto, hoy a Santiago, le llueve sobre mojado.
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Fotografía Javier Del Olmo

La tristeza tiene su propia forma de ser creativa
desde la amargura inmensa contenida en cada lágrima
se forma un universo líquido y salado
Desde el agua brota el brote
desde el brote toda la vida.
...
Fotografía: Cynthia Bauer

Los ojos abiertos hasta el límite,
centelleando la existencia en cada parpadeo.
La boca suspendida como vocal abierta,
sin sonido, sin disimulo.
El aliento instalado en medio de la atmósfera,
alineado con el infinito.
El pecho palpitante y dilatado,
mutado en arca, esperando abrazar el tesoro.
Quiero volver a sentir la sorpresa,
quiero que mi cuerpo completo
vuelva a vestir la corteza extraordinaria del asombro.
...
Pintura de David Kam

Me precipito sin paracaídas en el instante medio del abismo más incierto
necesito presentir la experiencia táctil de sus paredes espesas de oscuridad
reconocer sus acordes y sus ecos como propios, piel sobre piel, en copla
al final pregunto por el silencio en medio de la caída, justo antes de medir el suelo
lo hago a viva voz, vociferando la paradoja, rasguñando hasta el éter que me sostiene
y desde la intemperie del vacío condensado y nocturno, surge la respuesta por omisión.

He soñado el fin del mundo
y era todo tan bonito
porque este mundo enfermo
había recuperado su semblante.
Soñé con los cuatro jinetes
cada uno galopando a lomo despejado
gritando a los cuatro vientos
el fin de la peste
La gran tormenta
me invadió mientras dormía
y tuve las imágenes más cristalinas
la conciencia más infinita
Toqué con la punta de mis dedos
la piel transparente
de la eternidad
la mirada más dulce del apocalipsis
Soñé que todo se terminaba
desaparecía, transmutaba
se hacía breve, brevísimo
para volver a comenzar
pero no de cero